UN RETO SOLIDARIO ANTE LA CRISIS HUMANITARIA DE LA MIGRACIÓN VENEZOLANA



Por Juan Camilo Raguá Goméz

Venezuela es un país rico en recursos naturales. Desde la época de la Conquista, Venezuela ha vivido infortunios sociales y económicos debido a la extracción de minerales preciosos, como diamantes, plata, oro y perlas. Sin embargo, esta gran riqueza natural ha causado conflictos de intereses durante un largo tiempo. Y hoy en día podemos visualizar los resultados de una historia marcada por un modelo económico que ha generado mayor empobrecimiento, migraciones obligatorias, escasez de recursos básicos y un sistema de corrupción complejo.

La historia política de Venezuela está enmarcada por dictaduras. Y, desde la Independencia del país, el grave problema ha sido la extrema pobreza de una gran parte de la población. Con este panorama, el descubrimiento de yacimientos de petróleo en el territorio venezolano en 1910, significó una oportunidad para solventar las falencias sociales y económicas que vivía el país. En aquel momento, tomaron medidas económicas focalizadas exclusivamente en la extracción de petróleo para la exportación hacia otras naciones, llegando a ser el pionero mundial en este mercado; pero olvidando otras fuentes de recursos económicos y alimenticios, como la manufactura y la agricultura. Por esta razón, era necesaria la importación de productos alimenticios que no se producían en territorio de Venezuela. Asimismo, se generó una alta desigualdad social visualizada entre el empobrecimiento y analfabetismo, y la riqueza del poder sociopolítico de una élite minoritaria.[1]

En el presente de la coyuntura de Venezuela, se habla de una crisis económica, política y social. Crisis económica causada por la baja de precio del petróleo en el 2013, y la respectiva dependencia única a la extracción del mencionado mineral; así como decisiones políticas del actual gobierno y su ideal revolucionario que no ha encauzado en las necesidades y oportunidades de la población venezolana. La crisis supuso para Venezuela la escasez y altos costos de productos de la canasta básica, la crisis financiera, el desempleo y un aumento desmedido de la inseguridad. Esto ha conllevado a una crisis humanitaria, pues un alto número de población venezolana ha tenido que emprender camino hacia otros países como Colombia, Perú, Ecuador y Chile, con el fin de encontrar mejores oportunidades de vida económica, laboral y familiar.

La situación generalizada, antes mencionada, ha producido cuatro olas de migración desde Venezuela hacia Colombia. La primera ola de migración fue de empresarios impulsados por la globalización de la economía, como las empresas de Alimentos Polar, Congrupo y Farmatodo.; la segunda ola de migración se desarrolla tras la llegada de Hugo Chávez al poder. Los ejecutivos de alto nivel y trabajadores de la compañía petrolera Pdvsa; la tercera ola de migración la impulsan los profesionales y tecnólogos de buen nivel aprovechando el auge de las empresas colombianas; actualmente, lo que se podría denominar la cuarta ola de migración, la realizan los colombianos en retorno, así como de otra gran cantidad de personas de nacionalidad venezolana en busca de un mejor futuro en Colombia, Perú, Ecuador o Chile.

La cifra de ingresos a Colombia en los últimos tres años se resalta en constante aumento. La oficina de Migración Colombia tiene reportados 40.000 venezolanos viviendo legalmente y calcula que 60.000 se encuentran en condición de irregularidad. Sin embargo, una investigación liderada por el sociólogo en migración venezolana, Iván de la Vega, profesor de la Universidad Simón Bolívar, revela que son 900.000 los venezolanos, incluyendo los que tienen doble nacionalidad, los que han llegado al país en los últimos 20 años, dado el efecto de la llamada “revolución bolivariana” y la crisis social.[2] El aumento de la migración de las personas con nacionalidad venezolana se desarrolla en condiciones de alta vulnerabilidad.

Se estima que cada día entran a la ciudad de Bucaramanga un promedio de 400 personas, algunas deciden quedarse y trabajar en la ciudad, mientras otras siguen recorriendo su ruta caminando o en transporte. Cabe mencionar que en la ciudad de Bucaramanga se visualiza una alta población venezolana en alto índice de vulnerabilidad. En las calles de la ciudad se pueden ver madres con hijos en brazos, familias enteras y personas independientes. Buscando una oportunidad de vida deciden vender dulces en los semáforos, tintos en las calles, trabajos informales de limpieza en casas y prostitución.

La migración trae consigo expresiones de odio y rechazo hacia la población en tránsito. El fenómeno de la migración crece en el mundo, y ahora en Colombia, pues la migración venezolana ha generado rechazo y discursos xenófobos. Muchos lugareños culpan a los venezolanos del aumento de la delincuencia, y el rechazo ha llegado a expresiones humillantes. A esto, el doctor en sociología Felipe Aliaga Sáez[3], señala tres factores que explican pero no justifican la xenofobia:

  •       El miedo que nace de la incertidumbre de ver al extranjero como un riesgo para la seguridad tanto física como material de los lugareños. Este sentimiento se exacerba hacia aquellas personas forzadas a migrar sin dinero, documentos o pertenencias.

  •            El nacionalismo surge de la idea de pertenecer a un lugar, unos valores, una bandera, una cultura, un territorio y una identidad superior. Entonces, la persona percibe al migrante como un ser ajeno sin merecer los mismo derechos.

  •     La migración forzada se aprecia como un hecho negativo que genera cargas sociales, culturales y económicas para el Estado que los recibe. Sumando a esto, los conflictos que ya existen en el país, como la desigualdad, el desempleo, la falta de oportunidades.
A esto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha hecho un llamamiento para sumar fuerzas en solidaridad efectiva y concreta para las personas migrantes venezolanas:

“El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados Filippo Grandi y el Director General de la OIM, el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración, William Lacy Swing hicieron un llamamiento destinado a obtener un mayor apoyo de parte de la comunidad internacional para los países y las comunidades en la región que están recibiendo una cantidad cada vez mayor de refugiados y migrantes  de Venezuela. Con un estimado de 2.300.000 venezolanos viviendo afuera, más de 1.600.000 han abandonado su país desde el año 2015, el 90% de los cuales se ha dirigido a países suramericanos.”[4]

De todos modos, encontramos en la sociedad santandereana el deseo de solidarizarse con las personas venezolanas. Hay quienes desean sumarse en la donación de ropa, alimentos y medicina, sin embargo, escasean los canales confiables para la recepción y entrega de los productos y servicios de manera honesta y transparente. Por esta razón, esporádicamente, las personas realizan la entrega de estos productos por su misma cuenta. Con estas necesidades elementales que ha generado la crisis humanitaria en  la migración venezolana, recalcamos el deseo de gran parte de la ciudadanía en sumar fuerzas solidarias.

Elaborado por:
Juan Camilo Raguá Gómez




[1] Cfr. REVISTA SEMANA; Crisis humanitaria en Venezuela. (En línea: www.semana.com)
[2] Cfr. PERIÓDICO EL TIEMPO; Venezolanos, la migración más grande del país. (En línea: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/venezolanos-la-migracion-mas-grande-en-la-historia-del-pais-72872)
[3] Cfr. FELIPE ALIAGA SÁEZ, Entrevista: Concepto de Xenofobia. Citado en Revista Semana (Edición 1896)
[4] ACNUR; Los jefes de la ACNUR y de la OIM solicitan un mayor apoyo dado el aumento en el flujo de venezolanos en toda la región. (En línea: http://www.acnur.org/noticias/press/2018/8/5b7ed7a64/los-jefes-del-acnur-y-de-la-oim-solicitan-un-mayor-apoyo-dado-el-aumento.html?query=venezuela%20migraci%C3%B3n)

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